Anacrusa
Fotografía: google images
La música es una de las bellas artes que nos permite comunicarnos entre distintas culturas, pues este lenguaje de sonidos, tonos y melodías tiene una combinación característica según el lugar en el que se produzca e interprete.
Sin embargo hay algo muy esencial que debe ser tomado en cuenta, tanto si se trata de un músico o de una persona que disfruta de asistir a los diferentes conciertos; esto lo he escuchado a lo largo de mi vida de voz de grandes músicos, y se refiere a: el corazón de un músico.
Tener un buen instrumento y una técnica adecuada es indispensable cuando se quiere ser un buen ejecutante y dichas características requieren tiempo y dedicación, no es algo que se aprenda en una sola clase o con la lectura de un libro de solfeo, pero eso no lo es todo, la manera en que se interpreta una pieza ante el público será un punto clave, pues cuántas veces no hemos escuchado presentaciones muy buenas de distintos instrumentos y sin embargo sentimos que algo faltó, eso es la pasión.
Las buenas canciones han sido escritas y compuestas a lo largo de los años por personas muy talentosas, que en su momento expresaron un sentimiento o una historia en cada nota, pero de un sinfín de instrumentistas que las han tocado, son pocos aquellos que de verdad logran erizar la piel de quien los oye, y un número más pequeño es el de los concertistas que tienen el privilegio de ser aplaudidos por el mismo autor de la obra.
Parte de la educación musical debe ser entonces alentar a los aprendices a conectarse con su instrumento, y equilibrar ambas partes de ellos, la primera para saber todo lo técnico en cuanto a la ejecución de su instrumento, y la segunda para vincularse a la canción que está interpretando, pues no es lo mismo tocar el "Huapango No 2" de Moncayo que "México lindo y querido" de Chucho Monge ya que cada uno dejó una esencia impregnada en la obra y solo los que entiendan el significado de la misma podrán llevarla a cabo de forma correcta.

